viernes, 17 de junio de 2011

CUARTO MEDIO: ¿Por qué aparece la Generación del 98?

INSTITUTO NACIONAL "JOSÉ MIGUEL CARRERA"
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
CUARTO MEDIO
Profesor Ramón Eduardo Moraga




Entre las circunstancias fundamentales que favorecieron la aparición de la denominada Generación de 1898, figuran:

A.- La derrota militar. En el año 1898 ocurre el desastre bélico de Cavite y Santiago de Cuba, tras el cual España perdió sus últimas colonias de ultramar: Cuba y Filipinas. España dejaba atrás su destino de gran potencia y la mayoría de los españoles se enfrentaba ante un hecho definitivo: su nación no era ya el imperio donde nunca se ponía el sol, pues se reducía a la España anterior al descubrimiento, pero sin la fuerza e ímpetu espiritual de entonces.

B.- La vivencia de una España decadente. La vergonzosa situación vivida en el 98 se traduciría en un espíritu de protesta contra los políticos responsables de lo acaecido y llevaría a los jóvenes escritores –más tarde conocidos como Generación de 1898- a rebelarse contra un sistema político ineficaz y a defender una reorientación de la vida española. Cuán hondamente debió de impactar el desastre en aquella juventud comprometida con el destino de su patria. En forma especial, en los futuros integrantes de la Generación del 98. Por eso, podemos decir que el proceso de decadencia y el amor intenso a España constituyeron el punto de partida de este grupo. Precisamente, el año que bautiza a la generación expresa, sin lugar a dudas, el estrecho vinculo entre su aparición y la conmoción  espiritual del desastre militar. Pero la derrota solo vino a enfatizar el estado de descontento, de hastío, de rechazo que la vida española de fin de siglo provocaba en las almas más sensibles. “No podía el grupo permanecer inerte ante la dolorosa realidad española. Había que intervenir”. Sin embargo, agrega Azorín: “la corriente de doctrinas regeneradoras no la motivó la catástrofe nacional. No hizo más que avivarla”. Es decir, el grupo nace impulsado por un estado de postración, cuya consecuencia ulterior es la derrota. La catástrofe, así, se convierte en un símbolo de una España gastada, anémica, exangüe:

“Ya hay un español que quiere
Vivir, y a vivir empieza,
Entre una España que muere
Y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
Al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
Ha de helarte el corazón”

Los versos de Antonio Machado manifiestan uno de los temas recurrentes de la generación: la visión amarga de España en ese presente histórico.

C.- El afán  de renovación nacional. El espíritu de crítica y la necesidad de resurgimiento de España se manifiestan, por primera vez, en el siglo XVIII, con Feijó, Cadalso y Jovellanos. Posteriormente, en la primera mitad del siglo XIX, Larra mantiene vigente, con mayor intensidad, el problema de España y los ideales de regeneración. En la segunda mitad de la centuria, estos planteamientos de crítica y restauración encontraron fértil acogida en los hombres de pensamiento liberal, como Francisco Goner de los Ríos, Joaquín Costa, Macías Picavea y en el propio Benito Pérez Galdós. Según ellos, la renovación vendría del contacto con Europa y del desarrollo de las potencialidades españolas restringidas por una política intolerante. Para alcanzar el efectivo progreso de la nación, proponen la renovación del sistema pedagógico, la modernización de la cultura española y el mejoramiento de los bienes materiales (construcción de escuelas, carreteras, obras hidráulicas, reforestación, etc.) La europeización, por su parte, respondía al “deseo de fundir la vena tradicional en la ancha corriente universal del saber”. Constituyeron el grupo de los “regeneracionistas” de tendencia liberal y europeizante. Los acontecimientos de 1898 agudizaron en estos hombres el espíritu de crítica hacia un sistema político-social y los deseos de la reorientación de la vida española. Los ideales de regeneración cautivaron rápidamente a la mayoría de la juventud española.

Todos ellos prontamente diversificaron sus caminos de acción. Los regeneracionistas, por vocación, se dedicaron a la solución de tareas concretas dentro del ámbito social, jurídico, económico y agrícola. “Menos política y más administración”, proclamaban José Ramón y Cajal, como médico, derivó a la investigación científica. Los integrantes de la futura Generación del 98 se entregaron a la creación literaria, a la crítica intelectual y otras manifestaciones estéticas.

La visión de una España decadente y el ámbito espiritual de renovación de la cultura, caracterizan las vivencias del grupo y el ambiente formativo en cuanto a elementos básicos estructuradores de una generación histórica.

martes, 14 de junio de 2011

CUARTO MEDIO: "El Naturalismo"

El Naturalismo

            El Naturalismo sucedió a la tendencia realista, cuyos caracteres se intensificaron gradualmente hasta culminar en el nuevo estilo. Intelectualmente el apogeo de éste se explica por el inmenso prestigio que de la ciencia, debido a los asombrosos progresos junto a sus múltiples aplicaciones prácticas. Históricamente, fue el momento en que la burguesía consolidó su poder.

            En primer lugar, se debe entender que el Naturalismo es una tendencia de carácter realista, pues para el escritor siguió vigente, aun con más fuerza, la necesidad de evitar toda posible idealización del mundo que pretendían representar.

            Pero el Naturalismo posee rasgos propis. Provienen de la filosofía positivista de August Compte, del determinismo de Hipólito Taine, de la teoría evolucionista de Charles Darwin, de la medicina experimental de Claude Bernard y de la filosofía del pesimismo de Shopenhauer.

            La filosofía positivista

            Cada instancia literaria ha sido fundamentada en filosofías e ideologías que orientan y organizan la vida del hombre.  La filosofía positivista explica el Naturalismo y el cambio de perspectiva en la forma de interpretarse el hombre a sí mismo y a su realidad vital.

            Para la doctrina positivista, el hombre no es un ser espiritual sino únicamente material. La vida espiritual no existe, por tanto, para los naturalistas. Al contrario, para ellos el hombre se mueve en el mundo guiado únicamente por sus impulsos y temperamento. Se comporta así, como cualquier animal.. Es un ente fisiológico más. Es la “bestia humana”, según lo llamara Emile Zola. Por eso, el escritor puede estudiar al hombre del mismo modo que un científico analiza el comportamiento de los animales.

            En le prologo a su novela Teresa Raquin Zola señala:
En Teresa Raquim me he propuesto estudiar temperamentos, no caracteres. En eso consiste todo el libro. He elegido personajes completamente dominados por los nervios y la sangre, desprovistos de libre albedrío, arrastrados a cada acto de su vida por las fatalidades de la carne. Teresa y Laurent son bestias humanas, nada más. He tratado de seguir paso a paso, en estas bestias, el labrar de las pasiones, los impulsos instintivos, los trastornos cerebrales sobrevenidos después de una crisis nerviosa. Los amores de mis dos héroes son la satisfacción de una necesidad; el asesinato que cometen es una consecuencia de su adulterio, consecuencias que aceptan como lobos el asesinato de los corderos; y, en fin, lo que me he visto obligado a llamar sus remordimientos consiste en un simple desorden orgánico, en una rebelión del sistema nervioso tenso hasta romperse. El alma está completamente ausente; convengo en ello sin disputa, porque lo he querido así.”

            Para Zola, las acciones del hombre están determinadas exclusivamente por necesidades de índole animal. Si el hombre carece de espíritu, entonces, los sentimientos –amor, piedad, remordimiento- también están ausentes. El remordimiento, por ejemplo, no es un sentimiento de culpa, sino únicamente orgánico, provocado por la tensión del sistema nervioso. Lo anteriormente dicho nos muestra que, desde la perspectiva del naturalismo, el hombre no es libre. Lo mismo que un animal, está sometido y abrumado bajo el peso de la carne, de la materia, de sus necesidades biológicas.

            El determinismo

            Para los naturalistas, la existencia individual del hombre está regida por factores de orden estrictamente material que regulan su comportamiento: ambiente, momento histórico y temperamento.

            El ambiente es el lugar en que el sujeto vive y se educa. El momento histórico determina las características que regirán su existencia. El temperamento es la constitución genética heredada de los padres: nervioso, sanguíneo, linfático o bilioso.

            Estos tres factores influyen en el comportamiento del hombre y pueden, por tanto, explicar su conducta.

            La teoría de los tres factores fue formulada por el filósofo positivista del arte Hipólito Taine y aplicada, más tarde, por los escritores naturalistas a la literatura. De este modo, cuando le artista observa la realidad, debe saber reconocer cómo estos factores influyen en la conducta de sus personajes.

            La novela experimental

            El auge científico explica el dominio de la novela experimental. El francés Emile Zola aplicó a la novela el método experimental del científico Claude Bernard. Para Zola, el artista es un investigador científico, y la novela, un experimento.

“Mi objetivo ha sido, ante todo, un objetivo científico”, explica Zola en el prólogo a su novela Teresa Raquin.  Más aun, agrega: “Me he limitado a hacer, en cuerpos vivos, el trabajo analítico que los cirujanos realizan con los cadáveres”.

            Del mismo modo que un científico sigue la evolución de su experimento, el artista debe observar la realidad, sin que su personalidad, su experiencia anterior o sus prejuicios personales –la fe religiosa, por ejemplo- modifiquen o deformen la visión imparcial del objeto en estudio. Más que un artista, parece un investigador del objeto en estudio. Más que un artista, paree investigador científico que debe eludir toda intimidad, proscribir las apreciaciones simplemente subjetivas, ser un observador imparcial, un real hombre de ciencias capaz de extraer las leyes que rigen el comportamiento de los hombres. Podemos concluir que si la figura más relevante del Romanticismo fue el poeta, en este período es la del científico.

            La perspectiva científica que Zola adopta para aproximarse a la realidad, solamente le permite observar la parte exclusivamente fisiológica del hombre: la bestia “humana”, determinada por el medio, las circunstancias históricas y el temperamento.


            De este modo, para los naturalistas, la novela se convirtió en un experimento a través del cual se podía descubrir una verdad buscada, siguiendo los pasos del método experimental: observación, hipótesis y formulación de una ley.

            La atracción por el bajo pueblo

            Si el Romanticismo tuvo como protagonistas a  seres excepcionales, el Realismo en cambio volcó su mirada, generalmente a la clase media. Por su parte, el Naturalismo extrajo a sus personajes preferentemente de sectores sociales ignorados hasta el momento por la literatura: el bajo pueblo. Sirvientes, campesinos, mineros, empleadas domésticas. Mendigos, borrachos, dependientes de comercio, hombres de condición miserable, empleados de segundo orden, son los protagonistas de la novela.

            El español Benito Pérez Galdós en su novela Misericordia nos entrega una viva imagen de una mendiga madrileña:

Flora era una viejecilla pequeña y vivaracha, irascible, parlanchina…Sus ojuelos sagaces, lacrimosos, gatunos, irradiaban la desconfianza y la malicia. Su nariz estaba reducida a una bolita roja, que subía y bajaba al mover los labios y lengua en su charla vertiginosa. Los dos sientes que en sus encías quedaban, parecían correr de un lado a otro de la boca, asomándose tan pronto por aquí, tan pronto por allá, y cuando terminaba su perorata con un gesto de desdén supremo o de terrible sarcasmo, cerrábase de golpe la boca, los labios se metían uno dentro del otro, y la barbilla roja, mientras callaba la lengua, seguía expresando las ideas con un temblor insultante”.

domingo, 22 de mayo de 2011

CUARTO MEDIO: Generación del 98 en España: Características

INSTITUTO NACIONAL  “JOSÉ MIGUEL CARRERA”
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
CUARTO MEDIO
Profesor Ramón Eduardo Moraga

Generación del 98 en España: Características

            En el último lustro del siglo XIX y debido a causas muy diversas entre sí –políticas. Espirituales, sicológicas, educacionales-, se produjo en España un cambio histórico que afectó a la estética literaria y a la orientación de la vida española. A esa considerable renovación y al grupo de sus más connotados protagonistas, se ha designado Generación 1898, denominación acuñada por el periodista español Gabriel Maura y Gamazo y más tarde recogida por Azorín en cuatro artículos aparecidos en 1913.

            El año 1898 marca un hito fundamental en la historia del espíritu español, debido a la vergonzosa derrota sufrida en la guerra contra Estados Unidos. El desastre provoca un agudo espíritu crítico de revisión de todos los valores consagrados por la tradición y un dramático afán de renovación interna. La Generación del 98 comprende “aquellos escritores cuyo ser y obras alcanzaron su expresión decisiva mediante el espíritu que produjeron los acontecimientos políticos de 1898 en España”. Según palabras de Azorín –uno de los integrantes de esta generación y quien difundió el concepto en el ámbito literario-, Generación de 1898 designa “un grupo de escritores cuya mentalidad se formó bajó la impresión de los acontecimientos políticos de ese año”. 

            En forma paralela a la Generación de 98, de carácter genuinamente español, se da el Modernismo, movimiento literario surgido en Hispanoamérica y estrechamente vinculado a España. Ambas orientaciones, aunque difieren de modo radical en las causas de origen y en los rasgos caracterizadores, significan una renovación total de la literatura española. El Modernismo se desarrolla principalmente en Hispanoamérica, pero como movimiento estético unifica a escritores de habla hispánica de ambos continentes. El 98 surge a raíz de problemáticas españolas y está integrado en forma exclusiva por autores peninsulares.

La Generación del 98, un fenómeno histórico, estético, literario y español.

            La Generación del 98 puede ser abordada desde diversos puntos de vista: histórico, estético, literario y español.

a.- La Generación del 98 como un proceso natural de la evolución histórica y social de España. De acuerdo con las ideas de Ortega y Gasset, las generaciones constituyen las unidades fundamentales y desencadenantes de los cambios de la historia del hombre, pues afectan a todos los individuos que existen en ese momento. Los sujetos realmente creadores de nuevas formas de vida constituyen la minoría de la generación, en cuyo centro se ubica, generalmente, el epónimo la figura más representativa y novedosa. El resto de los integrantes configura el grupo o masa generacional. Así considerada, la Generación del 98 pasaría a ser la pléyade selecta, es decir, la minoría, de una generación.

b.- La Generación del 98 como un acontecimiento estético y español. También puede ser enfocada como un grupo de hombres cuya sensibilidad vital les hace rechazar la estética vigente y la vida española de fines de siglo, oposición que se traduce en una visión espiritual, sincera y poética de la existencia. Además de los literatos –Unamuno, Baroja, Azorín, Machado, Maetzu-, se incluirían en este grupo los pintores Zuloaga, Rusiñol, el filólogo Menéndez Pidal y el música Manuel de Falla.

c.- El 98 como una generación literaria. Siguiendo las ideas de Julius Petersen expuestas en su obra Las Generaciones Literarias, Pedro Salinas y, más tarde,  Hans Jeschke definen al grupo de escritores del 98 como una “generación literaria”, pues en él se darían los rasgos determinados por Petersen: coincidencia cronológica de nacimiento, homogeneidad de educación, convivencia personal, vivencia de un acontecimiento histórico decisivo, la existencia de un caudillo ideológico, el anquilosamiento de la generación anterior, el lenguaje generacional.

d.- El 98 como un grupo afín ante la realidad nacional. Desde otra perspectiva, el 98 conforma una comunidad generacional con un modo específico de concebir e interpretar el problema histórico de España de fines del siglo XIX.

            Habría que añadir que no todos los integrantes estuvieron de acuerdo con la pertenencia a un grupo determinado. Así, Pío Baroja, en sus Divagaciones Apasionadas, rechaza la existencia de una generación: “Yo no creo que haya habido, ni que haya, una generación de 1898. Si la hay, yo no pertenezco a ella…Con 1898, época del desastre colonial, yo no me encuentro tener relación alguna. Ni yo colaboré en ella, ni tuve influencia en ella, ni cobré ningún sueldo de los Gobiernos de aquel tiempo ni de los que le han sucedido…Ni por tendencias políticas o literarias ni por el concepto de la vida y el arte, ni aun siquiera por la edad, hubo entre nosotros carácter de grupo. La única cosa común fue la protesta contra los políticos y los literatos de la Restauración. Una generación que no tiene puntos de vista comunes, ni aspiraciones iguales, ni solidaridad espiritual, no siquiera el nexo de la edad, no es generación, por eso la llamada generación de 1898 tiene más carácter de invento que de hecho real”. Pero en ocasiones, el mismo se contradice: “La generación nacida hacia 1870, tres o cuatro años antes, tres o cuatro años después, fue una generación lánguida y triste(…) Fue una generación excesivamente literaria. Creyó encontrarlo todo en los libros. No supo vivir (…) fue una generación más consciente que la anterior, y más digna; pretendió conocer lo que era España, lo que era Europa, y pretendió sanear el país…”

           

CUARTO MEDIO: Idea de las generaciones (Anexo al estudio de la Generación del 98 en España)

INSTITUTO NACIONAL "JOSÉ MIGUEL CARRERA"
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
CUARTO MEDIO
Profesor Ramón Eduardo Moraga

"La idea de las generaciones"
Ortega y Gasset


Lo que más importa a un sistema científico es que sea verdadero. Pero la exposición de un sistema científico impone a éste una nueva necesidad: además de ser verdadero es preciso que sea comprendido. No me refiero ahora a las dificultades que el pensamiento abstracto, sobre todo si innova, opone a la mente, sino a la comprensión de su tendencia profunda, de su intención ideológica, pudiera decirse, de su fisonomía.

Nuestro pensamiento pretende ser verdadero; esto es, reflejar con docilidad lo que las cosas son. Pero sería utópico y, por lo tanto, falso suponer que para lograr su pretensión el pensamiento se rige exclusivamente por las cosas, atendiendo sólo a su contextura. Si el filósofo se encontrase solo ante los objetos, la filosofía sería siempre una filosofía primitiva. Mas junto a las cosas, halla el investigador los pensamientos de los demás, todo el pasado de meditaciones humanas, senderos innumerables de exploraciones previas, huellas de rutas ensayadas al través de la eterna selva problemática que conserva su virginidad, no obstante su reiterada violación.

Todo ensayo filosófico atiende, pues, dos instancias: lo que las cosas son y lo que se ha pensado sobre ellas. Esta colaboración de las meditaciones precedentes le sirve, cuando menos, para evitar todo error ya cometido y da a la sucesión de los sistemas un carácter progresivo.

Ahora bien: el pensamiento de una época puede adoptar ante lo que ha sido pensado en otras épocas dos actitudes contrapuestas —especialmente respecto al pasado inmediato, que es siempre el más eficiente, y lleva en sí infartado, encapsulado, todo el pretérito—. Hay, en efecto, épocas en las cuales el pensamiento se considera a sí mismo como desarrollo de ideas germinadas anteriormente, y épocas que sienten el inmediato pasado como algo que es urgente reformar desde su raíz. Aquéllas son épocas de filosofía pacífica; éstas son épocas de filosofía beligerante, que aspira a destruir el pasado mediante su radical superación. Nuestra época es de este último tipo, si se entiende por "nuestra época" no la que acaba ahora, sino la que ahora empieza.

Cuando el pensamiento se ve forzado a adoptar una actitud beligerante contra el pasado inmediato, la colectividad intelectual queda escindida en dos grupos. De un lado, la gran masa mayoritaria de los que insisten en la ideología establecida; de otro, una escasa minoría de corazones de vanguardia, de almas alerta que vislumbran a lo lejos zonas de piel aún intacta. Esta minoría vive condenada a no ser bien entendida: los gestos que en ella provoca la visión de los nuevos paisajes no pueden ser rectamente interpretados por la masa de retaguardia que avanza a su zaga y aún no ha llegado a la altitud desde la cual la terra incognita se otea. De aquí que la minoría de avanzada viva en una situación de peligro ante el nuevo territorio que ha de conquistar el vulgo retardatario que hostiliza a su espalda. Mientras edifica lo nuevo, tiene que defenderse de lo viejo, manejando a un tiempo, como los reconstructores de Jerusalén, la azada y el asta.

Esta discrepancia es más honda y esencial de lo que suele creerse. Trataré de aclarar en qué sentido.
Por medio de la historia intentamos la comprensión de las variaciones que sobrevienen en el espíritu humano. Para ello necesitamos primero advertir que esas variaciones no son de un mismo rango. Ciertos fenómenos históricos dependen de otros más profundos, que, por su parte, son independientes de aquéllos. La idea de que todo influye en todo, de que todo depende de todo, es una vaga ponderación mística, que debe repugnar a quien desee resueltamente ver claro. No; el cuerpo de la realidad histórica posee una anatomía perfectamente jerarquizada, un orden de subordinación, de dependencia entre las diversas clases de hechos. Así, las transformaciones de orden industrial o político son poco profundas; dependen de las ideas, de las preferencias morales y estéticas que tengan los contemporáneos. Pero a su vez, ideología, gusto y moralidad no son más que consecuencias o especificaciones de la sensación radical ante la vida, de cómo se sienta la existencia en su integridad indiferenciada. Esta que llamaremos "sensibilidad vital" es el fenómeno primario en historia y lo primero que habríamos de definir para comprender una época.

Sin embargo, cuando la variación de la sensibilidad se produce sólo en algún individuo, no tiene trascendencia histórica. Han solido disputar sobre el área de la filosofía de la historia dos tendencias, que, a mi juicio, y sin que yo pretenda ahora desarrollar la cuestión son parejamente erróneas. Ha habido una interpretación colectivista y otra individualista de la realidad histórica. Para aquélla, el proceso sustantivo de la historia es obra de las muchedumbres difusas; para ésta, los agentes históricos son exclusivamente los individuos. El carácter activo, creador de la personalidad, es, en efecto, demasiado evidente para que pueda aceptarse la imagen colectivista de la historia. Las masas humanas son receptivas: se limitan a oponer su favor o su resistencia a los hombres de vida personal e iniciadora Mas, por otra parte, el individuo señero es una abstracción. Vida histórica es convivencia. La vida de la individualidad egregia consiste, precisamente, en una actuación omnímoda sobre la masa. No cabe, pues, separar los "héroes" de las masas. Se trata de una dualidad esencial al proceso histórico. La humanidad, en todos los estadios de su evolución, ha sido siempre una estructura funcional, en que los hombres más enérgicos —cualquiera que sea la forma de esta energía— han operado sobre las masas, dándoles una determinada configuración. Esto implica cierta comunidad básica entre los individuos superiores y la muchedumbre vulgar. Un individuo absolutamente heterogéneo a la masa no produciría sobre ésta efecto alguno; su obra resbalaría sobre el cuerpo social de la época sin suscitar en él la menor reacción; por tanto, sin insertarse en el proceso general histórico. En varia medida ha acontecido esto no pocas veces, y la historia debe anotar al margen de su texto principal la biografía de esos hombres "extravagantes". Como todas las demás disciplinas biológicas, tiene la historia un departamento destinado a los monstruos: una teratología.

Las variaciones de la sensibilidad vital que son decisivas en historia se presentan bajo la forma de generación. Una generación no es un puñado de hombres egregios, ni simplemente una masa: es como un nuevo cuerpo social íntegro, con su minoría selecta y su muchedumbre, que ha sido lanzado sobre el ámbito de la existencia con una trayectoria vital determinada. La generación, compromiso dinámico entre masa e individuo, es el concepto más importante de la historia, y, por decirlo así, el gozne sobre que ésta ejecuta sus movimientos.

Una generación es una variedad humana, en el sentido riguroso que dan a este término los naturalistas. Los miembros de ella vienen al mundo dotados de ciertos caracteres típicos, que les prestan fisonomía común, diferenciándolos de la generación anterior. Den de ese marco de identidad pueden ser los individuos del más diverso temple, hasta el punto de que, habiendo de vivir los unos junto a los otros, a fuer de contemporáneos, se sienten a veces como antagonistas. Pero bajo la más violenta contraposición de los pro y los anti descubre fácilmente la mirada una común filigrana. Unos y otros son hombres de su tiempo, y por mucho que se diferencien, se parecen más todavía. El reaccionario y el revolucionario del siglo XIX son mucho más afines entre sí que cualquiera de ellos con cualquiera de nosotros. Y es que, blancos o negros, pertenecen a una misma especie, y en nosotros, negros o blancos, se inicia otra distinta.

Más importante que los antagonismos del pro y el anti, dentro del ámbito de una generación, es la distancia permanente entre los individuos selectos y los vulgares. Frente a las doctrinas al uso que silencian o niegan esta evidente diferencia de rango histórico entre unos y otros hombres, se sentiría uno justamente incitado a exagerarla. Sin embargo, esas mismas diferencias de talla suponen que se atribuye a los individuos un mismo punto de partida, una línea común sobre la cual se elevan unos más, otros menos, y viene a representar el papel que el nivel del mar en topografía. Y, en efecto, cada generación representa una cierta altitud vital, desde la cual se siente la existencia de una manera determinada. Si tomamos en su conjunto la evolución de un pueblo, cada una de sus generaciones se nos presenta como un momento de su vitalidad, como una pulsación de su potencia histórica. Y cada pulsación tiene una fisonomía peculiar, única; es un latido impermutable en la serie del pulso, como lo es cada nota en el desarrollo de una melodía. Parejamente podemos imaginar a cada generación bajo la especie de un proyectil biológico (1), lanzado al espacio en un instante preciso, con una violencia y una dirección determinadas. De una y otra participan tanto sus elementos más valiosos como los más vulgares.

Mas con todo esto, claro es, no hacemos sino construir figuras o pintar ilustraciones que nos sirven para destacar el hecho verdaderamente positivo, donde la idea de generación confirma su realidad. Es ello simplemente que las generaciones nacen unas de otras, de suerte que la nueva se encuentra ya con las formas que a la existencia ha dado la anterior. Para cada generación, vivir es, pues, una faena de dos dimensiones, una de las cuales consiste en recibir lo vivido —ideas, valoraciones, instituciones, etc.— por la antecedente; la otra, dejar fluir su propia espontaneidad. Su actitud no puede ser la misma ante lo propio que ante lo recibido. Lo hecho por otros, ejecutado, perfecto, en el sentido de concluso, se adelanta hacia nosotros con una unción particular: aparece como consagrado, y, puesto que no lo hemos labrado nosotros, tendemos a creer que no ha sido obra de nadie, sino que es la realidad misma. Hay un momento en que las ideas de nuestros maestros no nos parecen opiniones de unos hombres determinados, sino la verdad misma, anónimamente descendida sobre la tierra. En cambio, nuestra sensibilidad espontánea, lo que vamos pensando y sintiendo de nuestro propio peculio, no se nos presenta nunca concluido, completo y rígido, como una cosa definitiva, sino que es una fluencia íntima de materia menos resistente. Esta desventaja queda compensada por la mayor jugosidad y adaptación a nuestro carácter, que tiene siempre lo espontáneo.

El espíritu de cada generación depende de la ecuación que esos dos ingredientes formen, de la actitud que ante cada uno de ellos adopte la mayoría de sus individuos. ¿Se entregará a lo recibido, desoyendo las íntimas voces de lo espontáneo? ¿Será fiel a éstas e indócil a la autoridad del pasado? Ha habido generaciones que sintieron una suficiente homogeneidad entre lo recibido y lo propio. Entonces se vive en épocas cumulativas. Otras veces han sentido una profunda heterogeneidad entre ambos elementos, y sobrevinieron épocas eliminatorias y polémicas, generaciones de combate. En las primeras, los nuevos jóvenes, solidarizados con los viejos, se supeditan a ellos: en la política, en la ciencia, en las artes siguen dirigiendo los ancianos. Son tiempos de viejos. En las segundas, como no se trata de conservar y acumular, sino de arrumbar y sustituir, los viejos quedan barridos por los mozos. Son tiempos de jóvenes, edades de iniciación y beligerancia constructiva.

Este ritmo de épocas de senectud y épocas de juventud es un fenómeno tan patente a lo largo de la historia, que sorprende no hallarlo advertido por todo el mundo. La razón de esta inadvertencia está en que no se ha intentado aún formalmente la instauración de una nueva disciplina científica, que podría llamarse metahistoria, la cual sería a las historias concretas lo que es la fisiología a la clínica. Una de las más curiosas investigaciones metahistóricas consistiría en el descubrimiento de los grandes ritmos históricos. Porque hay otros no menos evidentes y fundamentales que el antedicho; por ejemplo, el ritmo sexual. Se insinúa, en efecto, una pendulación en la historia de épocas sometidas al influjo predominante del varón a épocas subyugadas por la influencia femenina. Muchas instituciones, usos, ideas, mitos, hasta ahora inexplicados, se aclaran de manera sorprendente cuando se cae en la cuenta de que ciertas épocas han sido regidas, modeladas por la supremacía de la mujer. Pero no es ahora ocasión adecuada para internarse en esta cuestión.

(1) Los términos "biología, biológico" se usan en este libro —cuando no se hace especial salvedad— para designar la ciencia de la vida, entendiendo por ésta una realidad con respecto a la cual las diferencias entre alma y cuerpo son secundarias.
[Este ensayo, "Idea de las generaciones", es la primera parte de El tema de nuestro tiempo, 1923]

CUARTO MEDIO: Generación de 1898

INSTITUTO NACIONAL “JOSÉ MIGUEL CARRERA”
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
CUARTO MEDIO
Profesor Ramón Eduardo Moraga

Generación del 98: Idea de generación

            Anterior al estudio de la Generación del 98 española, es importante revisar el concepto de generación.

            La determinación del concepto de generación ha llevado al problema del origen: de la constitución y de la evolución de las generaciones en la historia.

            En 1866, Guillermo Dilthey abordó el tema de las generaciones literarias en un estudio acerca del poeta romántico alemán Novalis. Según Dilthey, son dos los factores constitutivos de una generación:

A.- El patrimonio de la cultura anterior, conformado por todas las ideas, usos sociales, creencias, convicciones, con las que la nueva generación se encuentra en su etapa de formación.
B.- El ambiente de circunstancias actuales: “la vida circundante”, “las relaciones que forman la realidad”, “los estados sociales y políticos”.

            Bajo estas dos condiciones nace un grupo humano que impone sus innovaciones a la cultura de una época.

            Posteriormente, las ideas de Dilthey fueron analizadas y ampliadas por otros estudiosos: Wilhelm Pinder, Julius Petersen, Hans Jeschke, José Ortega y Gasset, Julián Marías, Pedro Laín Entralgo y otros. En términos generales, todos coinciden en ciertos componentes básicos de una generación histórica:

a.- El nacimiento en una fecha aproximadamente igual (coetaneidad), que involucra vivencias comunes en un tiempo limitado y en un espacio determinado.
b.- Las vivencias generacionales que crean las relaciones internas entre individuos que se encuentran en la misma trayectoria existencial.

Estas dos características permiten afirmar que una generación requiere un estrecho círculo de convivencia –comunidad de edad y comunidad de espacio- para que se establezca el contacto espiritual entre sus miembros.

c.- La configuración de nuevas imágenes de mundo en los ámbitos del saber, de la técnica, de las costumbres, de las creencias, del arte, de la generación dominante en un determinado momento de la historia. Las predisposiciones creadoras se manifiestan en el ámbito interno de los coetáneos y plasman las orientaciones vigentes de una época como expresión temporal.

d.- La figura del epónimo o líder. Quien por sus condiciones genuinas de innovador de formas de vida y de arte, concentra los rasgos sustantivos del período ( en el caso del Modernismo, Rubén Darío, por ejemplo).

Hans Jeschke, en su ensayo La Generación de 1898 en España, considera que, fuera de los factores determinantes de una generación, un acontecimiento decisivo (como un conflicto bélico, un desastre nacional, una ideología novedosa) puede influir como factor desencadenante en la formación de una generación. En Chile, por ejemplo, la Generación de 1938 se aglutinó en torno a acontecimientos políticos y sociales vigentes en nuestro país en esos años.

Para José Ortega y Gasset, la generación en un ingrediente constitutivo y básico de la evolución histórica y social del hombre. Considera que la vida es un proyecto, una posibilidad de ser, una constante creación y recreación. Esto, debido a que estamos en le dinamismo del tiempo y no estáticos y detenidos como un objeto. Ahora bien, el hombre no es un ente aislado, sino que habita en una sociedad, constituida por grupos humanos de diferentes edades. Si pensamos que la vida es cambio constante , renovación, y que todo individuo forma parte integral de una sociedad, entonces tenemos que en cada momento histórico se da una coexistencia de generaciones y una sucesión temporal de ellas. En otras palabras, en todo presente hay distintos grupos generacionales de edades diversas. Podríamos decir que una actualidad histórica encubre tres dimensiones vitales: los jóvenes, los adultos y los ancianos.

Estas dimensiones de vida coexisten en el mismo tiempo y atmósfera. Son contemporáneas. Pero cada una de ellas coincide en experiencia de vida y acción solo con sus coetáneos, es decir, con los de edad semejante. A medida que una sociedad avanza en le tiempo, nuevas generaciones nacen unas de otras, provocando el cambio histórico constante. De este modo, una generación es contemporánea con otras y se ubica, dentro del dinamismo de la historia, entre otras dos: una que la antecede y otra que la sucede.

Por su parte, Julius Petersen determina para una generación literaria otros rasgos fuera de los mencionados: el anquilosamiento de la generación anterior, y una lenguaje generacional, formado por peculiaridades expresivas, lingüísticas, de construcción sintáctica y de léxico. Con razón, Pío Baroja pensaba que toda generación es desinfectante con respecto a la que la precede e infecciosa con respecto a la que la sigue.

SEGUNDO MEDIO. Discurso Expositivo: Modos de organización

INSTITUTO NACIONAL "JOSÉ MIGUEL CARRERA"
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
PROFESOR RAMÓN EDUARDO MORAGA

Discurso expositivo: Formas de organización

            Los modos de organización del texto se pueden realizar por medio de diferentes estructuras, considerando el sentido del discurso expositivo y su respectivo tema. Dentro las formas organizativas tenemos:

a- Deductivo (analizante): La idea principal se enuncia al comienzo y, a continuación, se explica, demuestra o desarrolla. El orden representado de lo más general a  lo más particular.

Ejemplo 1: Animales -> mamíferos-> Delfín.

Ejemplo 2: La ingeniería genética es una de las más grandes e influyentes revoluciones científicas del siglo XX. Es una ciencia que ha trascendido los muros de los laboratorios de investigaciones e impactando en la sociedad tecnificada, no solo en este aspecto, sino también ene. Ético. El descubrimiento de los genes de algunas enfermedades y la posibilidad futura de manipular el genoma humano, son ejemplos de ello”.

b- Inductivo (sintetizante): Las primeras oraciones exponen características, detalles o ejemplos que prepararán la conclusión o la idea principal. El orden representado va de lo más particular a lo más general.

Ejemplo 1: Delfín -> Mamíferos-> Animales

Ejemplo 2: El primer uso de los plásticos fue servir de sustituto a materiales naturales como el metal, la piel, la goma, etc. Los teléfonos se empezaron a hacer de un plástico llamado "bakelite"; las suelas de los zapatos y, más adelante, la parte superior de los mismos se empezaron a confeccionar con diversos sustitutos de la goma y la piel; la Segunda Guerra Mundial supuso el desarrollo de neumáticos y llantas de una goma especial (goma "butly"). Aunque se llame "goma", los objetos fabricados con "butly" eran, y son, totalmente sintéticos. Sin el plástico no tendríamos muchas de las cosas que nos son habituales: no dispondríamos de varios tipos importantes de aislamiento eléctrico ni de la amplia diversidad de películas fotográficas existentes hoy en día. Si miramos atrás, podemos ver cómo nuestras vidas han cambiado gracias a los plásticos.

c- Comparación o contraste: Los contenidos se organizan sobre la base de semejanzas o diferencias entre la información expuesta con el fin de explicarla claramente.

Ejemplo: Con un sistema similar al utilizado por las niñas araña, Maite Orsini de 22, entró a un condominio escalando hasta una pieza para realizar la broma”

Marcador de semejanza: asimismo, de la misma manera, similarmente, etc.
Marcador de contraste: sin embargo, en cambio, a diferencia de, etc.

d- Problema solución: Se parte de una interrogante o problema, para posteriormente exponer sus posibles soluciones.

Ejemplo: “En medicina, el "hipo" se conoce con el nombre de singulto y se considera como una reacción transitoria de nuestro organismo, en la mayoría de los casos benigno. Casi todos los casos de hipo duran sólo unos minutos, pero algunos episodios pueden durar días o semanas.
Dentro de las medidas o sugerencias para solucionar este problema tenemos el consumo de una cucharadita de azúcar, de esta manera producimos una sobrecarga en las terminales nerviosas de la lengua. Otra medida sería ocasionar un susto a la persona con hipo, poniendo en jaque al meticuloso nervio vago.”

e-  Causa – consecuencia: se analiza el tema expuesto mostrando las causas que lo producen y las consecuencias que de él se derivan.

Ejemplo: “El singulto o hipo es un espasmo involuntario del diafragma. El repentino flujo de aire dentro de los pulmones, causa que la epiglotis se cierre, creando el conocido "hip". Pero esta no es la única causa del hipo, también se puede producir por un fallo en el duodeno.”

Marcadores o conectores causales: porque, ya que, pues, debido a, etc.
                                       consecutivos: por consiguiente, por lo tanto, etc.

f- Secuencial: Este tipo de organización apela a la secuencialidad de la información que se entrega. Frecuentemente, se expone la información como si fuera un proceso, integrado por una serie de pasos.

Ejemplo: “En la evolución del turismo se distinguen tres grandes fases. En los años cincuenta y sesenta se inicia un flujo masivo de turistas europeos hacia las costas mediterráneas. Años después, en la década de los setenta, el bajo costo del transporte aéreo produjo una ampliación de los espacios turísticos. Y en las últimas décadas se han desarrollado nuevas formas, como el turismo cultural y ecológico”.

Marcadores textuales: en primer lugar, después, a continuación, por último, etc.

g- Enumeración descriptiva: se describen los rasgos o propiedades de un objeto o fenómeno.
Marcadores espaciales: arriba, abajo, a la izquierda, detrás, a la derecha, a ambos lados, etc.

Ejemplo: “La molécula de ADN está formada por una doble hélice, es decir, dos largos hilos (de 180 cm de largo en el hombre) perfectamente enrollados. Cada hilo se construye a partir de una secuencia de cuatro bases nucleicas: adenina (A), guanina (G), citosina (C) y tinina (T), las cuales representan las letras moleculares del mensaje genético (A.G.C.T.)

domingo, 8 de mayo de 2011

SÉPTIMO BÁSICO: El editorial

LICEO Nº1 "JAVIERA CARRERA"
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
SÉPTIMO BÁSICO
Profesor Ramón Eduardo Moraga

El Editorial

            Es el texto en el que se expresa la opinión institucional o corporativa oficial del medio respecto de diversos asuntos de interés público. Se encuentra, por lo general, en las primeras páginas del diario.

            Dentro de los géneros periodísticos, pertenece a los géneros de opinión.

            Los lectores que siguen el diario se orientan por su línea editorial ya que el autor interpreta los hechos noticiosos, da a conocer de manera abierta sus planteamientos ideológicos.

            El editorial no lleva firma, pues el lector sabe que es la opinión oficial del medio. En caso de queja sobre algún juicio emitido, el lector deberá dirigirla al director del medio que figura como el responsable.

            Estos textos son redactados por encargo del director de prensa a un periodista especializado sobre el tema a opinar (económico, político, educacional, energético, social, cultural, etc.) En el caso de un medio de prensa pequeño, el editorial es escrito por el director del propio medio.

            Se caracteriza por su brevedad y suele estar escrito en tercera persona, ya que expresa la opinión colectiva del periódico o revista. En general consta de tres partes: presentación del tema, análisis e interpretación y postura frente al tema expuesto.